Generalmente, su actividad está organizada y posee mecanismos de autorregulación.
Cuando aparecen súbitos cambios de la actividad neuronal que interfieren con el funcionamiento normal de la red neuronal, se presenta lo que llamamos epilepsia; durante una crisis de epilepsia, la red neuronal presenta una descarga hipersincrónica, en forma de típicas oscilaciones que frecuentemente se propagan a través del cerebro, involucrando progresivamente a la mayor parte del mismo.
La mayoría de las crisis no dañan el cerebro, ya que la alteración que las produce es transitoria y reversible, salvo en caso de que sean muy prolongadas (más de 30 minutos).
La manifestación clínica de una crisis epiléptica puede ser muy variada. Todos los síntomas que se pueden ver en una crisis se deben al sitio de origen y a la propagación de la descarga epiléptica. El análisis de la crisis epiléptica, nos permite determinar el sitio de la corteza cerebral que da origen a la misma. El lóbulo temporal es, por frecuencia, el más afectado, seguido del lóbulo frontal y del parietal.
En algunos tipos de crisis, la persona puede perder la conciencia, caerse, tener sacudidas, en otro tipo de crisis el paciente puede quedar literalmente ausente y presentar solamente parpadeo o algún movimiento en las manos, en otros tipos, el paciente puede tener alucinaciones visuales o auditivas. Algunas personas, dependiendo del tipo de crisis, pueden no tener conciencia de las mismas o en otros casos describir la crisis perfectamente.
La epilepsia es la alteración más común de las enfermedades neurológicas graves que afecta todas las edades. Afecta 1 - 2 personas de cada 200.
Afecta a cualquier persona, edad, sexo, raza, clase social. Es de aparición más frecuente en infancia o en adolescencia tardía y en > 65 años.
Las causas que originan la epilepsia son muy variadas: traumatismos de cráneo, tumores cerebrales, lesiones vasculares cerebrales, infecciones cerebrales, malformaciones congénitas, etc. En algún caso puede haber algún componente hereditario.
Hay factores que pueden desencadenar las crisis, como son: falta de sueño, luces, cansancio, alcohol, menstruación, etc.
Hay crisis epilépticas en las cuales la causa que la origina es desconocida (idiopáticas)
La mayoría de las personas con epilepsia y que mantienen sus crisis controladas puede tener una vida normal, realizando casi todo tipo de tareas.
Las crisis epilépticas se tratan con drogas antiepilépticas, la elección de los mismos depende del tipo de crisis, del patrón electroencefalográfico y de la tolerabilidad a la droga, el tiempo durante el cual se tiene que tomar esta medicación es variado y depende no sólo del paciente sino también del tipo de epilepsia.
8 de cada 10 personas que toman su medicación correctamente no sufren más ataques de epilepsia.
También hay que considerar el componente social que acompaña al diagnóstico de epilepsia, esto obliga a un acompañamiento terapéutico, tales como, grupos de autoayuda, tareas de información y divulgación al paciente y familiares, junto a la terapia con drogas antiepilépticas.
¿Qué hacer ante una crisis?
La mayoría de las personas con epilepsia, cuando sufren una crisis, se recuperan espontáneamente, por lo que no es necesario llamar a un médico a menos que:
• El ataque dure más de 5 minutos
• No exista certeza de que la persona ya era epiléptica
• La recuperación sea lenta y se presente otra crisis o se dificulte la respiración después de la convulsión
• Sea una mujer embarazada y cuente con identificación de alguna otra enfermedad importante
• Haya signos de daño en cualquier parte del cuerpo o en la cabeza
• Que la persona sea diabética
• Que la persona tenga fiebre alta
Historia
Epilepsia = (griego = epilambanein) = ser agarrado, atacado o atrapado.
La 1° mención conocida de la epilepsia proviene de alrededor del año 500 a 700 aC.
Existen citas que hablan sobre la epilepsia desde hace muchísimos años y en las tablillas de barro encontradas en la antigua Babilonia se describen de manera muy precisa los ataques epilépticos, los síntomas previos, los factores desencadenantes y el estado posterior a las crisis, de manera muy similar a como las describimos actualmente.
También se pensaba que los astros influían de manera decisiva sobre el comportamiento y la salud de las personas y se le atribuyó a la Luna una influencia sobre el desarrollo de la epilepsia. Se creía que los enfermos estaban bajo su control, se afirmaba que la luna llena propiciaba más ataques conjuntamente con patologías psiquiátricas, las llamadas "enfermedades de la luna" y llamando a estos enfermos "lunáticos".
En la Roma antigua los ciudadanos temían y respetaban a esta enfermedad, de tal manera que si uno de los presentes desarrollaba un ataque epiléptico durante los comicios (asambleas) del Senado, las reuniones o eventos debían ser suspendidos ya que ello era de muy mal augurio, de ahí el nombre: “crisis comiciales” como todavía se la denomina.
Los griegos denominaban a la epilepsia “mal divino”. Durante muchos siglos la gente percibía en los ataques epilépticos la influencia de poderes sobrenaturales, de ahí esa denominación.
Además, en la Edad Media se consideraba a la epilepsia como una enfermedad de carácter contagioso, por lo tanto a estos enfermos se los aislaba de la sociedad.
En este oscuro panorama cabe destacar una gran excepción, en la antigua Grecia, 400 años antes de nuestra era, el médico griego Hipócrates escribió un libro sobre la epilepsia que fue considerado revolucionario para su tiempo: “Sobre la denominada enfermedad sacra”.
Hipócrates intentó explicar a sus contemporáneos la esencia de la epilepsia, que la causa de la misma se encontraba en el cerebro y que se trataba de una enfermedad como cualquier otra.
Pero Hipócrates siguió siendo un predicador ya que los prejuicios y la superstición eran más fuertes, hasta miles de años después, en que la ciencia moderna confirmó muchas de las tesis de este genial médico.
Cuando en la medicina dominaba el concepto de que los líquidos corporales determinan la funcionalidad y patología de las personas, a la epilepsia se le atribuyó como causa una alteración en uno de estos fluidos. Los fluidos más importantes eran 4: sangre, bilis (negra y roja) y flema. Como los epilépticos echaban mucha espuma por la boca durante los ataques, se postuló que la causa de las crisis convulsivas era una acumulación de flema en la cabeza, que luego de los ataques este exceso de flema era eliminado por la boca, con lo que las convulsiones terminaban.
Galeno (90 años AC) no sólo se adhirió a esta idea sino que la "perfeccionó". Como observó que algunas crisis se podían iniciar en una extremidad (brazos y piernas) y luego comprometer a todo el cuerpo, postuló que la flema no se producía en la cabeza sino que lo hacía en las extremidades; de allí progresaba hasta cerebro y ocasionaba las crisis convulsivas. Por ello, recomendaba que se apliquen torniquetes a los pacientes afectados, para impedir que la flema llegase a la cabeza, si esto no funcionaba se recomendaba proceder a la amputación del miembro donde se iniciaban las crisis, como una manera de detener el progreso de las convulsiones. Por ultimo, si no existía un origen claro en un miembro o si los accesos comprometían al cerebro la solución era obvia: se trepanaba (agujereaba) al cráneo para que la flema salga por los orificios practicados deje de crear dificultades.
Mas cercanamente Tissot, en 1770, dijo que “para producir una epilepsia se requieren de dos cosas: una disposición del cerebro para convulsionar y una causa de irritación que ponga en funcionamiento dicha disposición”, lo que habla a las claras y a la luz de los conocimientos actuales, lo acertado que se encontraba Tissot en sus apreciaciones.
Tal vez quien mas ha ayudado a la compresión y categorización de la epilepsia haya sido Hugliglins Jackson, quien publicó cientos de artículos sobre el tema, describió la epilepsia jacksoniana, diferenció a la epilepsia de los accesos de origen emotivo (histeria) e inició la tarea de clasificar las epilepsias.
Referencias:
www.cefundepi.org.ar
www.fund-thomson.com.ar
www.neuropediatria.com.py